miércoles, 22 de enero de 2014

Capítulo 1: "Pasión en el siglo XIX"



CAPÍTULO 1
Charleston (Carolina del Sur), mediados del s. XIX.
La fiesta en la hacienda de los Deveril estaba siendo el éxito esperado. La gente había comenzado a llegar a las once de la mañana aproximadamente. Los Du Maurier, en cambio, llegaron poco antes de que comenzara a servirse la barbacoa en el enorme patio trasero. La culpa la había tenido Mariana, cuya coquetería hacía imposible salir a la hora en punto ya que nunca parecía estar lista del todo. Cuando el carruaje se detuvo ante la puerta principal de la hacienda, uno de los esclavos corrió a avisar a Salvador  Deveril, el anfitrión, para que recibiese él mismo a tan ilustres invitados. Nicolas Du Maurier y su esposa Gimena fueron los primeros en hablar con Deveril. A continuación, éste saludó a Victorio Du Maurier, el primogénito, una especie de héroe local por sus magníficos resultados en la academia militar de West Point el curso anterior. Por último, el anfitrión besó la mano de la beldad (mujer que destaca por su belleza) del condado: Mariana Du Maurier, una jovencita de diecisiete años que traía de cabeza a todos los caballeros solteros de varios kilómetros a la redonda. Tenía el pelo oscuro, la piel blanquísima y unos chispeantes ojos marrones adornados con enormes pestañas. Era más atractiva que hermosa. No poseía, por ejemplo, la belleza clásica de Rocio Deveril, la joven hija del anfitrión, pero su carácter y su rasgos llamativos la hacían mucho más deseable para los jóvenes casaderos.
Cruzaron el impresionante hall de los Deveril y accedieron al patio posterior. Cuando los jóvenes vieron llegar a Nicolas Du Maurier, buscaron con ojos anhelantes a Mariana. La rodearon de inmediato, pidiéndole atropelladamente que comiese a su lado o que les reservase algún baile. Ella asentía sin comprometerse formalmente con ninguno. Era su primera temporada. Había debutado en sociedad hacía apenas tres meses (estaban de luto por la muerte de la abuela y no pudo debutar a los quince, como era norma en la época) y pensaba divertirse un poco antes de elegir esposo. Se sentía resplandeciente con su vestido azul claro que se abría como una cascada y eso se notaba en su actitud segura, aunque estaba deseando ponerse su escotado vestido nuevo para el baile. Antes de las tres de la tarde estaba mal visto llevar los hombros descubiertos y Mariana sabía que sus delicados hombros y su delgado talle de junco, eran uno de sus grandes atractivos.
Paseó la vista por la multitud de personas que abarrotaban el patio. Habían venido caballeros de todas las partes de Carolina del Sur, no sólo de Charleston. Aquella fiesta anual de los Deveril era mítica en la ciudad. Le hubiese gustado tomar un julepe de menta, como hacían los caballeros, eso la refrescaría (el calor era sofocante), pero no estaba bien visto que una dama bebiese nada que llevara alcohol y el julepe llevaba una considerable cantidad de bourbon. En casa, solía tomarse, a escondidas, algún que otro sorbo de los que los esclavos preparaban para su padre y su hermano.
“Cuántos jóvenes desconocidos”, pensó excitada ante la novedad. Ya estaba cansada de ver siempre las mismas caras en todas las reuniones a las que había asistido durante los tres últimos meses. De pronto, se topó con la mirada altiva de aquel hombre miserable, el amigo de su hermano Victorio: Pablo Robilard. Siempre la miraba así, como si fuese superior a ella. La odiaba y Mariana desconocía el motivo. Siempre tenía esa actitud altanera y de suficiencia que lo hacía insoportable. Si su padre aceptaba sus visitas en casa no era sólo porque fuese el mejor amigo de su hermano Victorio, sino porque la suya era una excelente familia de Charleston, la mayoría dedicados a la política y la banca. Todos ellos eran unos buenos caballeros del sur, hombres de honor, patriotas. PAblo, en cambio, y tal vez por haber pasado bastante tiempo viviendo en el norte, era la oveja negra de la familia y las suyas, según el padre de Mariana, eran unas ideas un tanto atípicas, casi se puede decir que traicionaba al sur con su forma de pensar. Claro que a Mariana no le decían en qué consistían dichos pensamientos. Había temas con los que nunca se debía molestar la tranquilidad de una dama. 
Pablo Robilard, además, era un conocido mujeriego y eso a su padre no le gustaba. Parecía que sólo sabía ser amable con los miembros de su familia y con las mujerzuelas ¿Cómo se atrevía a mirarla a ella con actitud de juez? Al menos ella era una dama intachable y no se relacionaba con gentuza ni mujerzuelas. ¡Habrase visto! Creerse tan superior porque era un Robilard. ¿No eran acaso los Du Maurier tan buenos como esos malditos Robilard? ¿No era acaso ella mucho mejor que esas mujerzuelas que tanto le gustaban? La joven lo odiaba intensamente.
Apartó de inmediato la mirada de Pablo Robilard para centrarse en los pretendientes que la rodeaban. No volvería a pensar en él ni en su mirada desdeñosa. Y pensar que la primera vez que fue a la hacienda con su hermano a ella le había parecido tan atractivo. Literalmente, se había derretido por él, aunque trató de no demostrarlo, tal y como era su costumbre, coqueteando con otros jóvenes para despertar sus celos. Hubiese jurado que al ser presentados él se sentía atraído por ella, pero de pronto cambió de actitud y se volvió odioso, la ignoraba casi siempre y cuando le dirigía una de sus gélidas miradas, lo hacía con esa superioridad que a ella la ofendía profundamente. Sí, le había parecido muy atractivo cuando lo conoció. Ahora, en cambio, le parecía un hombre despreciable, un hipócrita, un indigno caballero del sur. Y tampoco era tan atractivo. De acuerdo, era alto y musculoso, y cuando montaba a caballo tenía una magnífica estampa. Los pantalones que llevaba se ajustaban maravillosamente a sus piernas y la chaqueta favorecía sus anchos hombros. Sus ojos verdes y su piel transmitían una pasión por la vida difícil de obviar y el rictus duro de su boca era de lo más sensual. “¡No!”, se dijo Mariana, “¡no quiero pensar en ese estúpido!”, y se lo quitó de la cabeza sin más.
Benjamin Deveril, el hijo mayor del anfitrión de la fiesta, se acercó a ella y le dijo: “Señorita Du Maurier, es usted una aparición celestial. Debe comer a mi lado, no aceptaré una negativa, y el primer baile de la tarde me lo reservo también”. Ella le sonrió. “De acuerdo, señor Deveril. Con ese ímpetu que demuestra, cualquiera le lleva a usted la contraria”.
–¿Y a mí, señorita Du Maurier? ¿Me reservará un baile? –preguntó, casi suplicando, el rubio de los Du Bois.
–Claro, señor Du Bois. A usted le reservo el segundo –le dijo con una sonrisa luminosa, aunque no le apetecía sonreír. Génesis, su criada negra, le había apretado el corsé más de la cuenta. Nada era suficiente para realzar su delicada figura, pero esta vez había sido demasiado. Mariana sentía que casi no podía respirar.
De inmediato se arremolinaron a su alrededor más muchachos compitiendo por su atención. Pablo Robilard, la miró con una sonrisa despreciativa en el rostro, después dio media vuelta y se dirigió al grupo de caballeros que había junto al jardín de gladiolos.

1 comentario:

  1. Buenaassss Percha!!!
    acá vengo a decir PRESENTE!! para seguir esta nove tan pero tan Linda!!! :D se hizo esperar pero valio la pena!!!
    Espero que mi comentario esta vez si salga, ya van 4 veces que quiero publicar y no puedo no se si solo me pasa a mi :(
    Pero acá estoy la 5 es la vencida jajaja
    Amo esta historia amor-odio de ellos :D
    eso si por lo visto y por lo de costumbre mis quejas y mis JUM! Van a ir para pablo!!
    a ver que dolor de cabeza me causa esta vez tu pablo! jajaj
    Estoy super emocionada por comentarlo! jajaja
    a ver por donde empiezo por la señorita mariana jajajja
    A ver utilizando la logica no? como es eso que habiendo tantos Hombres, tanto pretendientes y gente que nunca vio y que se encontraba emocionada se pone a mirar a pablo y a resaltas sus cualidades y atractivos DIGO dice que un hombre despreciable y un estupido etc aunque
    "Sus ojos verdes y su piel transmitían una pasión por la vida difícil de obviar y el rictus duro de su boca era de lo más sensual. " no son comentario de alguien que ella considera despreciable jajajaj
    Ella no solo se derritio literalmente ante el sino que yo agrego LITERALMENTE se le cae la baba por él! jajajja
    En cuanto a lo de pablo es curioso que no saque los ojos a mariana siendo que todo indica que no la puede ni ver jajajaj
    huyyyy esa sonrisa despectiva al final MI VIDA!!! decepción? celos? jajajja que le habran dicho! para que cambie su actitud jajaj
    Me muero de curiosidad!
    Bueno como ya sabes percha super emocionada espero más capitulo!!!!
    me re gusta la nove pese a que se ve que voy a renegar con pablo jajaja
    te mando un beso subi pronto ;)

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