Holaa les traigo un nuevo capi, espero que les guste y lo disfruten esto apenas empieza jaja, besos
CAPITULO 3:
Las jóvenes que habían asistido a la fiesta se preparaban para dormir la siesta. Habían traído a sus criadas, que ahora se afanaban en quitarles los vestidos de la mañana para que pudieran descansar, aunque no era fácil dormirse con el corsé oprimiéndolas. Génesis, la esclava de Mariana, era una negrita hermosa de unos catorce años y ojos verde claro. Los Du Maurier se la habían comprado a los O’Malley hacía ya muchos años. Génesis no tendría más de cuatro, pero ya se parecía demasiado al dueño de la hacienda y la mujer de éste no quería tener cerca al recordatorio de los escarceos de su marido en los barracones de las esclavas. La madre de Génesis le había confiado a su hija que su padre era el amo. Poco después su madre había desaparecido sin dejar rastro y la niña fue vendida a los Du Maurier.
La relación de Génesis y Mariana era muy especial. Cada una conocía los secretos de la otra y se protegían mutuamente con una lealtad inquebrantable. Mariana sabía con seguridad que Génesis era la hija de Albert O’Malley, el patrón de la plantación algodonera más grande de Carolina del Sur y eso hacía que mirase a la esclava casi como a una igual. Una igual que había tenido la desgracia de nacer negra en una época y un lugar donde los negros no gozaban de ningún derecho. Mariana mantenía estos pensamientos en el más estricto secreto, pues sabía que era escandaloso para sus vecinos hacendados, pero la verdad es que consideraba que Génesis era infinitamente superior al resto de muchachas con las que se supone que debía trabar amistad y tener mil cosas en común. Ya quisieran esas bobas de Rocio Deveril, Daniela Dolbert, Mery O’Riordan o Paula-Sue McBein ser la mitad de hermosas y elegantes que Génesis. Su esclava era su única amiga. Nunca se había llevado demasiado bien con las hijas del resto de los hacendados. Hablaba con ellas y pasaban el rato juntas en las fiestas, pero Mariana no iba a visitarlas a sus casas ni ellas venían a Las Magnolias a ver a la joven Du Maurier. A ella le bastaba con Génesis. Además, sabía que las demás jóvenes la criticaban debido a que tenía más pretendientes que ninguna. En ese instante, por ejemplo, sentía los ojos de ellas clavados en su cuerpo, comprobando por qué su talle era tan delgado o si debajo del vestido las piernas eran bonitas o torcidas.
Cuando se tumbó sobre una de las camas vacías, Génesis le preguntó si quería que la abanicase, como estaban haciendo otras esclavas. “Ni hablar, vete a descansar y sube después a ayudarme con el vestido del baile”. Mariana chasqueó los dedos y llamó a una esclava que estaba de pie cerca de la puerta. “Abanícame, por favor”, le dijo. La muchacha sorteó los cuerpos de las señoritas que dormitaban sobre los improvisados colchones, en el suelo (no había camas suficientes para todas), y tomó entre las manos un inmenso abanico que comenzó a mover con suavidad sobre la cara de Mariana.
El vestido de baile era de seda color fresa. No tenía demasiados adornos porque ya el color, por sí mismo, era lo suficientemente llamativo. Sólo una elegante puntilla blanca festoneando el escote y las mangas cortas y abullonadas rompía la explosión rosa fuerte que cubría el cuerpo de la joven. Llevaba unos guantes cortos blancos. Algunas jóvenes los llevaban de colores, pero a ella le parecía una vulgaridad. La abuela Du Maurier, que era hija de los duques de Chenonceau (de soltera se llamaba Cecile Beaumont), decía que los guantes debían ser blancos o negros. Y ella sí que sabía de moda y de elegancia.
El vestido de la joven había llegado en perfectas condiciones al baile: había sido primorosamente planchado y guardado en una enorme caja de cartón y había llegado en carruaje (habían utilizado uno de los carruajes de la familia exclusivamente para llevar su vestido de baile y el de su madre) sin una sola arruga. Las chinelas era también nuevas, las estrenaba esa misma noche, y eran del mismo color que el vestido y con incrustaciones de cristal.
Mientras el resto de las jóvenes estaban durante algunas piezas sentadas, Mariana Du Maurier tenía todos los bailes comprometidos y eso que la mayoría de sus pretendientes se habían quedado con las ganas, pues no había bailes para todos. Comenzó bailando con el hijo del anfitrión de la fiesta, continuó con el rubio de los Du Bois y a continuación pasó por los brazos de los primogénitos de los grandes terratenientes de Carolina del Sur. Cuando la orquesta hizo una pausa, ella fue a sentarse en una silla vacía que había cerca de las matronas, las mujeres casadas que no iban a la fiesta a bailar, sino a acompañar a sus hijos y esposos y a enterarse de quién se había casado, quién había tenido o perdido bebés y qué escándalos estaban más en boga en ese momento. A Mariana le dolían terriblemente los pies. Los zapatos nuevos le estaban haciendo daño, pero ni loca hubiese abandonado el baile. Sus pretendientes no tardaron ni un minuto en rodearla y la algarabía general le impedía comprender las conversaciones de ellos y las cosas que le decían, pero se imaginaba que eran halagos y sonreía coqueta. Vio a su hermano Victorio acercándose a ella con aquel hombre miserable, Pablo Robilard, pero no pensó que cruzaría la marabunta de pretendientes para hablarle. Los músicos regresaban y estaban comenzando a ocupar sus lugares dentro de la orquesta. “¿A quién le prometiste este baile, hermanita?”, le preguntó. Miró su carnet y dijo: A Gaston Colbert, ¿por qué?”. Su hermano buscó a Gaston entre los pretendientes y le dijo: “Amigo mío, debes perdonar a mi hermana, pero ya había comprometido este vals. Como compensación, ven a cenar a casa el jueves próximo”. El joven Colbert no se atrevió a rechistar ante la imponente figura de Pablo, que además lo estaba mirando con un odio que no comprendía. Qué le había hecho él a Pablo Robilard, se preguntó Gaston Colbert, para que lo odiase. Victorio tomó a su hermana de la mano, la sacó del círculo de sus pretendientes y le puso la mano sobre la de Pablo.

K pasó!!!!???.
ResponderEliminarVico y Pablo acercándose a ella, y su hermano interrumpiendo su carnet d baile ,para k Lali baile con su amigo Pablo.
Es k Vico no tiene idea d lo mal k se miran ,o presiente algo entre ellos.
Pero k acepten Pablo y Mariana ,ya es más raro aún
percha como estas? tanto tiempo!!! jajajja
ResponderEliminarsabes que amo esta nove! jajajjaja
What?? como que mariana con tantos pretendientes va bailar con el "hombre misereable" ajjajaaj!!
Y completamente de acuerdo como dice que pablo acepte es mucho más RARO!!!
digo porque fue con su amigo vico hacia ella no creo que no sospeche para que
sin duda algo no cierra PERO!!!NO IMPORTA ME ENCANTA!! Jjajajja
Ya quiero leer ese baile tendran muchas indirectas?? o comentarios de lalli buscando sus halagos? jajajaja (que como te dije son muy buenos ella buscando coquetearle es lo más jajaja)
Ahora ame esta parte
El joven Colbert no se atrevió a rechistar ante la imponente figura de Pablo, que además lo estaba mirando con un odio que no comprendía. Qué le había hecho él a Pablo Robilard, se preguntó Gaston Colbert, para que lo odiase.
Osea como que no capta esta cerca de su Mariana! ajajaja mi vida esta celoso cosita linda!!! awww los amo :D amo a estos dos me muero por ver mas de su Amor-Odio
Ya sabes Espero más que ansiosa el próximo cap :D