jueves, 30 de enero de 2014

Capítulo 5 y 6: "Pasión en el siglo XIX"



Holaaa chicas a pedido de ustedes hoy va capi doble, besos que lo disfruten

CAPITULO 5:
–Me duele horriblemente el pie –dijo la joven con un hilo de voz.
–Debo ir a casa a pedir ayuda. Está a pocos minutos. Volveré enseguida –le dijo.
–¡No me dejes sola! Que vaya Jills –Génesis no hubiera querido decirle lo de Jills para no asustarla, pero tenía que hacerlo.
–Jills está muerto, señorita, y si no voy a pedir ayuda, podemos pasarnos aquí horas y horas.
–Dios mío, Génesis, no quiero quedarme sola con un muerto –dijo aterrorizada, pero sabía que no había otra solución, así que respiró hondo y trató de controlarse–, pero no hay otra opción, ¿verdad? De acuerdo, vete.
Pablo Robilard iba en su carruaje camino de Las Magnolias. Era demasiado tarde para ir a su casa en la ciudad y Victorio lo había invitado a pasar la noche en su hacienda. Otros cuatro jóvenes dormirían en Las Magnolias también para evitar tener que regresar a la ciudad a esas horas de la noche. No estaría a más de diez minutos de la hacienda cuando oyó el galope desatado de unos caballos. Se asomó por el ventanuco y le preguntó a su cochero: “¿Qué ocurre, Evangelista?”. “Me pareció ver a los caballos blancos del carruaje de la señorita Mariana, señor Robilard. Iban a galope”. Pablo se preocupó y le ordenó a su cochero ir más rápido. Unos minutos más tarde, el cochero frenaba en seco y Pablo descendía del carruaje para comprobar que otro carruaje había volcado a un lado del camino. Tropezó con el cuerpo de Jills y al tomarle el pulso se dio cuenta de que estaba muerto. Oyó una voz débil pidiendo ayuda. Mariana lo había escuchado llegar. Pablo saltó sobre el carruaje volcado y a través de la puerta metió medio cuerpo. La oscuridad era tal que no vio a nadie. Palpó hasta dar con Mariana.
–¿Está bien? –le preguntó. La joven reconoció la voz masculina y se quejó en silencio de su mala suerte. De todos los hombres del mundo, tenía que ser precisamente aquel altanero quien la encontrase en semejantes circunstancias.
–Sí, pero me duele mucho un tobillo –explicó de mala gana.
–¿No la acompañaban Génesis y su hermano? –quiso saber él. Le extrañaba que la muchacha estuviese allí sola, teniendo en cuenta que cuando los vio salir del baile iban todos juntos.
–Sí –musitó la joven–, pero Vico nos dejó hace unos minutos para ir a ver a una de sus amiguitas –en ese instante Mariana comprendió su indiscreción y su voz tuvo una pequeña inflexión, pero trató de recomponerse; la oscuridad le impidió ver la sonrisa en los labios de Pablo– y Génesis ha ido a pedir ayuda. Jills está… –no fue capaz de terminar la frase.
–Lo sé –dijo él–. Rodéeme el cuello con los brazos –ella obedeció y Pablo pudo sacarla agarrándola del talle. Las manos del hombre estaban tan cerca de sus senos que ella contuvo la respiración. La llevó en brazos hasta su propio carruaje, en parte porque había perdido las chinelas y estaba descalza y en parte porque pensaba que podía haberse torcido un tobillo. La depositó con sumo cuidado en el asiento. “Ya pasó todo. Llegaremos pronto a casa”, le dijo con su distante voz varonil. Si hubiese sido cualquier otro hombre, ella se habría desahogado llorando, pero Pablo Robilard ni siquiera cambiaba su expresión ceñuda en una situación como aquella y Mariana no podía mostrarse débil ante un hombre así. Se acurrucó en el asiento como un gatito asustado. En algún lugar de su cerebro se dijo que aquello era incorrecto: ir a solas con un caballero en el interior de un carruaje cerrado, por la noche y sin carabina, pero estaba demasiado asustada y dolorida como para pensar en lo conveniente o inconveniente de la situación. Además, ¿quién, excepto su familia, iba a saber que él la había llevado a casa y había estado unos minutos a solas con ella dentro de un carruaje?
Cuando llegaron a Las Magnolias, el padre de Mariana y varios de los jóvenes que iban a pasar la noche en la hacienda estaban ya montados a caballo y listos para salir a buscarla, pues Génesis los había avisado. Al ver a Pablo Robilard sacando en brazos a Mariana del interior del carruaje, se quedaron estupefactos. ¿Cómo se había atrevido a ser tan descortés y poco caballeroso como para estar a solas con ella en un sitio cerrado? Acababa de meter a la muchacha en un terrible problema. Acababa de destrozar completamente su reputación y si no reparaba el daño hecho, la sociedad de Charleston al completo le daría la espalda a Mariana Du Maurier.
El padre de Mariana bajó del caballo, apretó los puños con fuerza y si no hubiera sido porque el matrimonio con ese hombre era la única oportunidad de Mariana para no caer en la más ignominiosa deshonra, hubiese matado allí mismo y sin miramientos a Pablo Robilard.

CAPÍTULO 6
Gimena Du Maurier, la madre de Mariana , retorcía entre sus delicadas manos un hermoso pañuelo blanco ribeteado de puntillas y con sus iniciales bordadas en hilo de plata.
–Dios mío, querido –le dijo a su marido–, si el señor Robilard sigue negándose a casarse con Mariana , ¿qué será de nosotros?
–No te preocupes, querida. Victorio está hablando con él y lo convencerá. Son amigos desde hace años. Nosotros lo hemos recibido mil veces en esta casa con la mayor cortesía de la que éramos capaces. Al fin y al cabo, es un caballero del sur. Hará lo que debe hacer –el señor Du Maurier decía esto para tranquilizar a su esposa, pero en realidad no estaba seguro de que aquel renegado de Pablo Robilard hiciese lo correcto. ¡Dios Santo! ¿Qué sería de ellos si caían en semejante deshonra?
Porotro lado...
–No me casaré, Vico, y lo sabes. ¡Por todos los demonios! No le he hecho nada a tu hermana. En lo que a mí respecta, está tan intacta como el día que vino a este mundo. ¡Y no me casaré por una estúpida norma social!
–Siento escuchar eso, Pablo. Tendremos que hablar con tu familia, entonces. A ver si ellos te hacen entrar en razón. Has deshonrado a mi hermana y debes reparar el daño hecho –dijo Victorio Du Maurier, que se sentía culpable por no haber acompañado a su hermana aquella noche hasta casa. Tenía una cita con una viuda muy complaciente. Si él hubiese estado con Mariana nada de aquello habría ocurrido.
–Diablos, Vico, no puedes estar hablando en serio. Yo no he deshonrado a nadie. La situación era dramática: el cochero muerto y tu hermana herida en un carruaje volcado. ¿Qué hubieras hecho tú si te encuentras a una joven en semejantes circunstancias? ¿La dejarías allí tirada esperando que alguien, en una situación menos comprometida, la rescatase? ¿A quién, en su sano juicio, se le ocurriría pensar que yo abusaría de una joven que acaba de tener un accidente? –dijo Pablo tratando de convencer a su amigo.
–Yo te entiendo, amigo mío, pero es de mi hermana de quien estamos hablando, y de su reputación. De la reputación de toda la familia, en realidad. Nadie querrá casarse con Mariana después de esto. Nadie la invitará a ninguna parte. Acabará encerrada el resto de su vida en esta hacienda o en un convento. Y nosotros, su familia, también estaremos en boca de todos. ¿Te parece justo?
–¡Tampoco es justo que yo me case con una mujer que no me gusta lo más mínimo sólo porque esta sociedad nuestra es de miras estrechas! –exclamó Pablo Robilard.
–De acuerdo. Deberé retarte a un duelo entonces –le dijo Victorio Du Maurier.
–¿Pero qué dices, Victorio? ¿Estás loco? –Pablo estaba verdaderamente asombrado por el camino que estaban tomando los acontecimientos.
–No estoy loco. Es el procedimiento habitual en estos casos. Y llevarás sobre tu conciencia la deshonra de mi hermana y la muerte de tu mejor amigo, pues ambos sabemos que a pesar de que yo he estado estos últimos años en West Point, tú me aventajas con creces cuando de armas se trata.
Pablo Robilard se sintió atrapado. De todas las malditas mujeres estúpidas que había en el sur, a él le había tocado comprometer a la más estúpida de todas ellas y, para colmo, era la hermana de su mejor amigo.

1 comentario:

  1. Jajajajajajajajajajajjajajajajajjajaja,como me he divertido con estos dos caps.
    Jajajjaja,se quejó en silencio.
    K sociedad y sus normas x DIos.
    Falta saber k opina Lali .
    Jajajaja,otro grito al cielo .La van a escuchar, seguro no se calla.
    Solo espero k el concepto k Pablo tiene d ella cambie ,xk ella le demuestre k no es tan frívola,como el cree.
    Gracias x los dos caps.
    Besos

    ResponderEliminar