Holaa les dejo doble capi, porque las quiero y tambien porque son cortos jajaj, espero que les guste y ya saben si tienen noves o adaptaciones pablalis pasenme los links quiero leer hay muy poco hoy en dia, besotes
CAPITULO 7
En el club de caballeros más exclusivo de Charleston, un grupo de jóvenes hacendados comentaban la noticia que desde hacía días estaba en boca de todos: la beldad del condado, Mariana Du Maurier, había sido sorprendida en una actitud bastante comprometida con Pablo Robilard. Él debería casarse con ella, pero no mostraba intención de reparar el daño ocasionado.
–No es un caballero –dijo Gaston Colbert, uno de los múltiples pretendientes de Mariana–. A estas alturas yo ya habría comunicado el matrimonio y me sentiría, además, el hombre más afortunado de toda Carolina del Sur.
–Es la primera vez que esta norma de moralidad me parece injusta. Nuestra hermosa Mariana casada con ese renegado que pasó los dos últimos años viviendo en el norte, contaminándose con las ideas yanquis. Además, ¿alguien piensa que realmente ocurrió algo dentro de ese carruaje? –comentó Jason O’Linney.
–Por supuesto que no –dijo Robert Cardington y el grupo de hombres que había a su alrededor asentía dándole la razón–. Mariana acababa de tener un accidente y solo el más ruin de los hombres aprovecharía una situación así. ¿Por qué ella debe casarse con Robilard cuando es tan perfectamente intachable como lo era antes del accidente?
–Oh, vamos, Robert… ¿Te casarías tú con ella? Por mucho que te guste, no lo harías, porque en el fondo de tu corazón, y aún creyendo que entre ellos no ocurrió nada, siempre te quedaría una pequeña duda, de modo que no te casarías con ella. Además está el qué dirán. Nadie en Charleston es tan fuerte como para pasar las habladurías por alto.
Los hombres callaron unos instantes. Todos ellos pensaron que las últimas palabras de Peter Dobston era muy ciertas. Seguramente Mariana seguía siendo la misma muchachita inocente y virginal de siempre, pero su reputación ya estaba dañada, eso no había forma de cambiarlo.
–Pero es muy injusto para nuestra hermosa Mariana. Si al menos hubiese sido otro hombre el que la hubiese comprometido. Uno de nosotros, por ejemplo –aseguró Gaston Colbert y todos estuvieron de acuerdo con él.
En la hacienda de los Deveril un grupo de jóvenes damas tomaban el té en la terraza que daba al jardín de gladiolos. Estaban hablando de Mariana Du Maurier. Se regocijaban de felicidad sólo de imaginarse lo mucho que la muchacha estaba sufriendo. La detestaban porque nunca había hecho ni el más mínimo esfuerzo para ser amiga de ellas y, además, traía de cabeza a todos los jóvenes del condado.
–Se lo merece –sentenció Mary Elizabeth Robertson–, por ser tan descocada. ¿A quién se le ocurre bailar todas las piezas de una fiesta con hombres diferentes y comer rodeada de casi cuarenta caballeros? Esto se veía venir. Ninguna joven decente haría jamás algo parecido.
–Sí, se lo merece –afirmó Suellen Gibbson, que no le perdonaba que el rubio de los Du Bois, el joven al que ella amaba en silencio desde niña, no tuviera ojos nada más que para Mariana.
La única que no parecía contenta era Rocio Deveril. Sí se alegraba de la desgracia de Mariana , pero pensaba que incluso en la desgracia, tenía suerte. Pablo Robilard debía casarse con ella. ¡Pablo Robilard! Y pensar que Rocio se derretía por él. Imaginarlo en brazos de Mariana la hacía tener una sensación cercana al vómito.
–Ojalá el señor Robilard se niegue a casarse con ella –dijo antes de poder refrenar su venenosa lengua. El resto de las damas que la acompañaban se quedaron perplejas. Todas tenían a Rocio en alta estima, la consideraban prudente y buena porque Rocio sabía refrenar muy bien su lengua y su carácter. Pero aquellas palabras les parecieron de una crueldad intolerable. A pesar de todo, ninguna de ellas le deseaba a Mariana que Pablo Robilard no cumpliese con su obligación. Esa deshonra era demasiado horrible como para deseársela a ninguna mujer. Se revolvieron incómodas en sus sillas y pensaron qué podía tener Rocio en contra de Mariana para desearle algo como eso.
CAPITULO 8
–Oh, vamos Pablo, no exageres –la que estaba hablando era Soledad Robilard, su hermana pequeña. La joven no podía levantarse de la cama desde hacía meses. Nadie sabía muy bien qué le ocurría, ningún doctor supo explicar el motivo de que las piernas no pudieran sostenerla. Solo un médico de Atlanta se atrevió a ponerle un nombre: “Nervios”, les dijo, y eso fue todo lo que sacaron en limpio tras decenas de estudios y consultas con los mejores doctores del sur.
–Sole, querida, cómo se nota que no la conoces –dijo Pablo tratando de obviar las ganas de fumar, pues en el cuarto de su hermana estaba terminantemente prohibido hacerlo–. Ella no es como tú y como yo. No tiene nada en la cabeza, querida mía. Es coqueta, insensible, superficial y –bajó repentinamente el tono de voz– muy, muy ignorante. Más ignorante que las damas sureñas que conocemos, así que podrás imaginarte con qué espécimen voy a casarme.
–A veces me cuesta comprender cómo puedes ser tan cruel. Eres mi hermano y te quiero, pero imagino que a la mayoría de la gente debes de resultarle absolutamente insoportable con esos aires de superioridad. Crees saberlo todo y, lo que es peor, hermanito, crees que la persona que tienes en frente es siempre un redomada idiota–Sole lo miraba con ojos cansados y su piel se veía pálida y enfermiza. Había sido una muchacha bonita, pero tanto encierro la estaba marchitando.
–¿No te apetecería salir al jardín, Sole? Te vendría muy bien un poco de aire fresco –trató de convencerla Pablo.
–Oh, no, no… No cambies de tema. Este me resulta tremendamente divertido y bien sabes que no tengo demasiadas diversiones –su hermano la miraba con el ceño fruncido–. ¿Nunca te has preguntado por qué te resulta tan odiosa la señorita Du Maurier? Quiero decir… ¿No es extraño ese odio tan visceral? Recuerdo bien que cuando la conociste en su hacienda te despertó cierta admiración tanto por su físico como por su brioso carácter…
–Vaya, querida hermanita, ¿tan aburrida te encuentras que necesitas inventarte historias sobre y mí y la señorita Du Maurier? –a Pablo no le estaba gustando aquella broma de su hermana. Se encontraba verdaderamente fastidiado por aquel matrimonio impuesto.
–No invento nada, Pablo –respondió ella, alisando con su delicada mano la puntilla de la sábana de su cama–. Yo estaba allí, ¿recuerdas? Aún podía caminar –el gesto de Soledad se ensombreció unos segundos, pero el carácter fuerte de ella impidió que esa tristeza permaneciese mucho tiempo tiñendo su rostro–. Estaba allí y pude ver cómo la mirabas. Te encantó que te prestase atención y su carácter pizpireto te gustó más aún, no lo niegues… Pero después dejó de hacerte caso para volcar toda su atención en aquel otro joven, creo que se apellidaba Colbert, y eso es algo que tu vanidad no pudo soportar… –las palabras de Soledad pusieron de mal humor a Pablo. No era así como él recordaba el primer encuentro con Mariana Du Maurier. Nadie podía negar que le había parecido bonita, por supuesto, pero ya desde el primer instante había sentido cierto aborrecimiento por su carácter. No sabía de dónde sacaba Soledad aquellas fantasías, pero le resultaban de lo más molestas a Pablo.
–Vaya, qué tarde se me ha hecho. Me había olvidado de que tenía un compromiso –dijo a modo de excusa para escabullirse de la habitación. Quería demasiado a su hermana para ser grosero con ella y si permanecía durante más tiempo en el cuarto y Sole seguía provocándolo con sus comentarios sobre Mariana , terminaría diciéndole algo inadecuado. Al abrir la puerta del cuarto, PAblo se tropezó con su padre, que iba a entrar a ver a su hija. Emitió una breve disculpa y desapareció.
–¿Qué le ocurre a tu hermano, que escapa de aquí como si hubiese fuego? –le preguntó Francisco Robilard a su hija, mientras le acariciaba el cabello con ternura.
–Papá, ¿no crees que el carácter de Pablo es lo suficientemente duro e inflexible como para que nadie pueda obligarlo a hacer algo que verdaderamente no quiera hacer? –quiso saber Soledad, sin hacer caso a lo que su padre le había preguntado segundos antes. El anciano se encogió de hombros.
–Yo sólo sé, querida, que un matrimonio que se lleva a cabo a raíz de un escándalo tendrá siempre el escándalo rondándolo –dijo el anciano. Parecía preocupado–. Pero un hombre tiene que hacer lo que debe hacer y tu hermano está actuando tal y como exige el código de honor.

Se mueren d puritita envidia Rocio y Gastón.
ResponderEliminarJjajjajajajaja,Soledad le dio donde más le dolía a Pablo.
Me revienta k aún se niegue a casarse con Lali,y deje k sigan las hablidurías con respecto a la reputación d lali .
Si como dice Soledad ,desde un comienzo Lali le gustó.
Caro ,si consigues saber d más novelas Pablalis ,dímelo,xfa.
ResponderEliminarHolaa percha!! como estás?
ResponderEliminargracias por los 2 cap! sos grosa!!! :D
como te dije! un gram JUM PARA GASTÓN ROCIO! y todos los chismosos!
y envidiosos esos! que se mueren por estar en su lugar jajaj..
la verdad que Yo entiendo a Pablo
(voy aprovechar de defenderlo porque después dudo que lo pueda hacer jajaja)
Ya que me tengo que basar en la época lali es una mujer
y no es muy tomada en cuenta en esas épocas,
además más que quejarse en silencio ajajajjaja!
que dicho sea de paso aprovecho para decirte que cuando lo leí en el cap anterior
no pude no reirme! jajaja
bue a lo que voy es que no puede hacer mucho al fin al cabo más allá que pegar el grito en el cielo y negarse a lo primero va tener que aceptar ya que es su reputación y la de su familia la que están en juego no la de pablo..
Como dice él es injusto que lo obliguen a casarse, cuando el no hizo nada al contrario el pobre quiso hacer una obra de bien
(no porque no la ame o no sienta atracción por ella ya que el pobre observa cada movimientos de ella, sabe a que hora vuelve con quienes va y todo)
sino que debido a su caracter, su orgullo y sus ideas que por lo visto la familia robilard piensa muy diferente lo que lo molesta es que le OBLIGUEN a casarse,
es razonable que su odio hacia lali aumente porque el no sufre ni un daño
en cuanto a su honor.
asi que para mi es entendible su reacción, además sole le dio en donde más le dolia mi vida se puso celoso porque mariana no le presto atención a él! jajaja..
Me muero de ganas porque todos los envidiosos los vean casados... jajaja
y me mato el padre de pablo jajaj que su hijo esta actuando según el código de honor! jajaja Como dije es totalmente diferente a los de ahi, porque en ningún momento piensa ceder jajaja
Aunque en el fondo se muere de ganas :P
Bueno percha espero muy ansiosa el próximo cap!!
besos!!